Feed on
Posts
comments

Pocas son las historias o cuentos, que tienen pacto con el fuego, para quedarse grabadas en nuestras mentes hasta nuestro óbito.

Toda nuestra vida y pensamiento, se gesta absorbiendo experiencias de los grandes y pequeños acontecimientos que ocurren en nuestro alrededor. De estos hechos extraemos grandes lecciones significativas que dan forma a nuestro ego, a nuestro yo, forjando nuestro carácter a golpe de sentidos. De entre estos muchos acontecimientos, siempre despuntan unos pocos, que nos acompañaran formando parte de nosotros mismos, otros descansarán enterrados en los estratos de nuestra memoria, nublándose con el paso de los años.

Con los cuentos pasa algo parecido…

Son muchas las historias que nos llegan, Diretes contemporáneos y comparativos de situaciones gemelas entre familias cercanas. Estos chascarrillos bien pueden comenzar con una coletilla similar a estas. ¿Te has enterado de lo que le ha pasado a fulanita? ¿Te acuerdas del chico que era vecino de la abuela? ¿Has oído lo que ha ocurrido en los enanos? También recibimos supuestos hechos no tan directos como los ejemplos anteriores, cuyo origen no está tan claro y que terminan algunos dando forma a un bonito, o cuan menos, un curioso relato que termina hilvanando generaciones, como el mismo hilo en distintas agujas.

Muchas son las posibles historias que nacieron de generaciones olvidadas. Otras, sin embargo son tan jóvenes que apenas han traspasado el umbral de la mayoría de edad humana. Tal es el caso del relato que nos ocupa a continuación. ¿Cuántas agujas enhebrará su hilo?

El fantasma de la casa Tastas.

Al igual que no hay pueblo sin gentes, diré que no hay pueblo sin fantasmas, huelga decir que este relato dará cuenta de un supuesto ente incorpóreo, de los fantasmas de carne hablaré en otros relatos, o no, mejor no…Este en particular se manifestaba en la casa de Tastas allá en la década de los 80. En esta época la Casa de Tastas funcionaba como sede de la Cruz Roja local y era punto de guardia para sus militares, premilitares y voluntarios, así como lugar de reunión y cuarto de instrumentos para la banda de cornetas y tambores conocida con el mismo nombre de la entidad.

La casa de Tastas se encontraba en la C/ Capitan, en el numero 24. Era un pequeño

Patio de corrala distribuido (en la época que nos ocupa) de la siguiente manera. En su planta baja, e inmediatamente a nuestra entrada, se encontraba un pasillo habilitado a modo de sala de espera. Lo recuerdo con cierta nitidez, con muy escaso mobiliario, un solitario banco donde podías sentarte de frente a una puerta de madera pintada de blanco y toscamente acristalada. Detrás de esta puerta, pasaba consulta por la mañana Don Luis el practicante. La habitación de la consulta no envidiaba mucho a la sala de espera en lo referente a los muebles. Unos armarios pintados del color de la puerta con recipientes metálicos llenos de algodón, varios pares de tijeras, pinzas y jeringuillas. Fuera de los armarios se hacia mas patente, si cabe, lo justo de las instalaciones. Una camilla, un taburete de asiento metálico, una mesa con sendas sillas y un botijo de barro de Ocaña conformaban el conjunto de enseres tan necesarios para las consultas como para la puesta en práctica de los primeros auxilios.

Desde el pasillo se adivinaba la actividad de esta habitación, el trasteo del instrumental, el paso de los militares de la cruz roja y el lamento de los chavalillos cuando el bueno de Luis practicaba su oficio, un oficio, con el que, según sus propias palabras, no tuvo más remedio que, para bien o para mal, conocer todos los culos de Aranjuez.

Este departamento concentraba el ochenta por ciento de la actividad de la Casa de Tastas.

Las otras dependencias no tenían tanto paso, o por lo menos, no tan tangible.

De frente a la puerta de entrada, el final del pasillo se dividía. En su parte derecha, se mantenía una escalera de grandes peldaños de madera desgastados por su centro. Desde esta, podía ascenderse al pasillo de corrala. Entre esta escalera y la pared quedaba un hueco de no mas de un metro veinte y unos tres metros de largo. Al fondo se encontraba una pequeña puerta que daba acceso al patio de la corrala. Era un patio pequeño sin más, un tanto oscuro y silencioso. Su lateral izquierdo albergaba la cantina de la Cruz roja, un pequeño local donde las pinturas de Garcigabriel convivían con la humedad de la pared. Saliendo de la cantina al patio, se escuchaba el tintineo bronco de los alambres del tendedero del pasillo, oxidados y clavados en paralelo al pasamanos de la barandilla del primer piso, era un sonido desagradable que obligaba a mirar hacia arriba y animaba a salir del patio cuanto antes…

En la década de los ochenta no quedaba ya ropa que tender en las viviendas de la casa de Tastas, es mas, ahora que lo pienso… El término de vivienda se me antoja contradictorio porque lo único que allí moraba era un pedazo de pasado que se hizo un hueco forzando el presente…

Las noches de guardia en la casa de Tastas eran tranquilas hasta que unos inusuales acontecimientos comenzaron a inquietar a militares y músicos. Se escuchaban ruidos procedentes de una de las casas de arriba, se intuía movimiento, había alguien. Estos comentarios hacían muy poca gracia a los soldados de la guardia entrante. _ No puede ser… será algún gato que se ha colado por la ventana _ Que no, que no; esos ruidos no puede hacerlos un gato, a mi me parecían pasos de hombre_ ¿Pasos de hombre?… tu lo que quieres es meterme miedo y hacerme pasar una mala noche_ Y así fue. Nuestro amigo pasó muy mala noche sugestionado por lo relatado por el compañero saliente. Efectivamente, algo se oía… e inequívocamente eran pasos; unos pasos que se le antojaban dificultosos y que parecían sonar mas fuerte cada vez, la imaginación de nuestro amigo estaba desbocada, daba forma a multitud de horrores acechantes que en cualquier momento lo asaltarían y lo arrastrarían al piso de arriba entre sollozos y chirriantes risas. El miedo venció a la razón, el soldado salio a la calle y completó la guardia contando sus pasos por la acera de Capitán, así por lo menos no escuchaba los del piso de arriba.

Los hechos terminaron en boca de todos los soldados, las guardias se hacían cada vez mas incomodas y los mandos terminaron por intervenir _ En esa casa no hay nada_ dijo muy seguro el sargento Vidal _ Es mas, para olvidarnos del asunto subiremos esta tarde, aquí en la sede se guardan todas las llaves de las viviendas de arriba. Esa casa no se abre desde que murió su inquilina. Era una señora muy mayor… Recuerdo que le faltaba una pierna… andaba con muletas.

A la tarde, el sargento subió con dos soldados abrió la puerta no sin dificultad, la madera estaba hinchada y ofreció mucha resistencia y fue necesario que los dos soldados arrimaran el hombro literalmente. Parecía que la casa se esforzaba en ocultar su interior, los soldados sintieron que estaban forzando una voluntad, pero entraron…

No había luz y el sentido del olfato imperaba sobre el de la vista. El olor a apulgarado penetraba hasta el alma. Encendieron los mecheros. Tras el mortecino resplandor distinguieron muebles arruinados por la humedad, unas muletas apoyadas en la pared y entre estas una zapatilla de las de andar por casa. En el centro de la habitación que servia de recibidor, destacaba un gran bulto alargado cubierto con una sabana_ ¿Que será esto tan grande?_ Preguntó en alto el sargento mirando a los soldados. De manera automática dio un tirón de la sabana dejando al descubierto un tambaleante y polvoriento cristo crucificado. El polvo que desprendió la sabana les hizo salir tosiendo y espetando_ ¡no me jodas¡ Si da hasta miedo el cristo ese, ya no subo mas aquí en la vida_ Cerro la puerta y bajaron las escaleras con el cuerpo descompuesto _¿Pero habéis visto la cara que tenia ese Cristo, vamos… no me jodas, que cara…­_ Los tres militares se miraron_ ¿Ha oído eso sargento?_ Valla si lo he oído_ ¿Lo ve? son pasos, joder son pasos_ Mira chaval_ Contesto a voces el sargento, intentando imponerse a su propio miedo_ ¡¡Como esto sea una broma, os va a caer un paquete a los dos que no se os va olvidar esto en la puta vida!!. Vamos a ver quien es ese cabrón, por que lo que esta haciendo esos ruidos es un tío, me juego este (señalándose el cuello con el pulgar) y no lo pierdo.­_ Yo arriba no subo sargento, no hasta que no se haga de día_! Subís los dos conmigo pero ya, y se ha terminado la discusión, solo me faltaba ya que no atendierais las ordenes, me cago en…

Subieron al pasillo notaron una extraña brisa en la cara, los alambres del tendedero sonaban como lejanas campanas. Los pasos se oían al final del corredor, al llegar frente a la puerta la actividad ceso de repente al igual que el tañido herrumbroso de los alambres del tendedero. Los militares no dijeron nada pero querían correr fuera de allí, su corazón se negaba a entrar, no querían enfrentarse a lo que estaba dentro, porque estaba, vaya que si estaba… El sargento gritó_ se te ha ido la bromita de las manos chaval, te has caído con todo el equipo, se ha acabado para ti la Cruz roja_ El sargento no se creía a si mismo pero algo había que decir, tenia que abrir la puerta y la abrió mechero en mano. La luz de los mecheros duró muy poco dos de ellos cayeron al suelo al comenzar la estrepitosa huida. Fue una chispa de tiempo lo suficientemente larga como para distinguir el Cristo perfectamente tapado con la sabana, junto a este las muletas y entre estas la zapatilla.

El acontecimiento marco un antes y un después en las conversaciones de la cantina.

El paso de los días enfrió los hechos, aun así al sargento le resultaba incomodo despertar el recuerdo, hasta que un día, tuvo una idea y reunió a los soldados que meses atrás corrieron con el escaleras abajo…

Vosotros visteis lo que yo vi_ afirmo el mando_ Si mi sargento _ dijeron al unísono los soldados_ Pues no se vosotros pero yo apenas duermo desde ese día… Parece que tengo el Cristo delante de la cama mirándome con sus ojos huecos… Quiero saber que pasa exactamente en esa puta casa… Esta tarde voy a verter yeso por el pasillo de la corrala y en el piso de la vivienda y quiero que me ayudéis para terminar cuanto antes…

Cinco minutos antes de la hora convenida, el sargento esperaba nervioso con un saco de yeso blanco entre los pies, encendía un cigarro con otro mientras interrogaba su reloj. Por la esquina de la farmacia apareció uno de los soldados _ ¿Y tu compañero?_ Preguntó_ He ido a buscarle y me ha dicho que se encuentra indispuesto_ ¡Si! Ya me conozco yo esas indisposiciones…

Cogieron el saco y en tres pasos se encontraron al pie de la escalera. El soldado que estaba de guardia salio a saludar al mando y a preguntar que a que se debía la inesperada visita. Las explicaciones le metieron el miedo en el cuerpo _ Mi sargento_ protesto el militar _ ¿No podrían dejar esto para otro día que no estuviera yo de guardia? _ Vaya, otro valiente. _ contestó el sargento_ Ya empiezo a estar un poco harto de estas aptitudes. No me llores porque esta noche nos vamos a quedar los tres a ver que pasa. ¡Venga! Esto tiene que estar en cinco minutos. Tomad, he traído dos linternas.

Comenzaron a subir la escalera. Ninguno de ellos quería llegar al corredor. El patio de corrala estaba tranquilo, calma chicha. El silencio se notaba espeso, pesaba e incomodaba. Se hicieron sitio delante de la puerta. El sargento giro la llave y abrió sin dificultad, arqueo las cejas en un gesto cómplice hacia los soldados. Orientaron la luz hacia el interior y distinguieron el bulto del Cristo bajo la sábana. Todo estaba en orden aparente, pero algo no encajaba. Las muletas no estaban, la zapatilla tampoco. Los haces de luz taladraban la oscuridad entre el polvo en todas direcciones pero ninguno de ellos daba ni con las muletas, ni con el calzado. _ Mi sargento termine ya, tire el puto yeso y vámonos de aquí, las muletas no están joder ¡LAS ESTÁ USANDO! _ El sargento rajó el saco y tiro tembloroso un capa de yeso alrededor del Cristo_ Me cago en la hostia _ espetó _ Cállate joder, me estás poniendo negro_ Dejo el saco en el suelo y tiró de la sabana. El miedo le paralizaba y le hacia actuar con inseguridad, la sabana se engancho y el cristo se mostró como un tentetieso, sin llegar a caerse, pataleando el suelo con su base haciendo un ruido intermitente. La escena pudo con los nervios de los tres de la Cruz Roja. La riada de adrenalina arrastró a uno de los soldados, que cayó escaleras abajo llegando al cuarto del practicante antes que ninguno, pero con una brecha de seis futuros puntos en la frente… Ni por asomo se quedaron allí, esa noche las heridas fueron atendidas en el servicio de urgencias de la calle el Gobernador.

Al día siguiente, ninguno se quería mirar, quedaba cerrar el círculo, quedaba ver que pasó con el yeso, pero, no tenían curiosidad ya…se ve que esta salió huyendo con el poco valor que les quedaba. Es mas, los tres sabían perfectamente lo que había de pasar con el yeso, y ello fue comprobado a posteriori ese mismo día, pero no por ellos. Al contar todos lo hechos en la cantina, dos soldados entrantes y un miembro de la banda subieron entrada la tarde llaves en mano. Al abrir se encontraron con que la mancha de yeso no era virgen, en ella había marcas de calzado de pie derecho, acompañadas de sendas señales circulares de los tacos de goma de las muletas. Tanto las muletas como la zapatilla se encontraban a los pies un bulto alargado, perfectamente cubierto con una sabana…

A partir de cerrar por última vez la puerta, nada se oyó… ni pasos, ni golpes, ni nada. Incluso los alambres del tendedero callaron, tal vez presintiendo la futura competencia del estruendo de las escavadoras…

“HUÉRFANO”

 

El presente relato tiene estrechos lazos con la naturaleza; ella es la principal protagonista.

En la década de los cuarenta, se manifestó con toda su potencia en la Casa La Monta, tomando cuerpo físico en un magnifico caballo. Su madre pese a ser un extraordinario ejemplar de la yeguada real de Aranjuez no resistió los envites del parto, muriendo literalmente reventada pese a los esfuerzos de los que la atendían. Este desenlace marcó al potro nada mas ver la luz, pues haciendo referencia al citado hecho se le puso el nombre de Huérfano.

 Basilio Carmena, experimentado yegüero,  no daba crédito a lo que tenía delante de los ojos; el potro era enorme; tenia una alzada exagerada para ser un recien nacido y no llegaba a imaginar cual seria su tamaño al hacerse adulto.

 

Con pocos meses, huérfano destacaba de entre las 33 cabezas de la yeguada; las subidas a los llanos, los remontes por la cuesta de revientayeguas y los pastos de la cañada Valverde  lo habían fortalecido  de tal manera que la musculatura de sus cuartos traseros parecía hecha de aristas pétreas, su pecho era un muro de tapial  y la base de su cuello no se podía abarcar con ambos brazos; daba respeto verle hincar los cascos, resoplando de tal manera, que te clavaba la arena en las pantorrillas si estabas cerca.

 

Llegó el día de la doma; los vecinos de la Casa  La Monta saludaban a los mayorales que venían a otear a los nuevos miembros de la yeguada, pensando en posibles tratos; si los machos eran buenos habría buenas mulas para sus yuntas. Todos los ojos iban a parar a los lomos de Huérfano  _ Vas a tener que echarle valor Basilio, menudo bicharraco_ Échale hilo a la cometa Basilio, que ese te desarma_ Entre que los comentarios se sucedían  Basilio se lo pensó, pero poco, ensilló a Huérfano y lo montó; la resistencia de Huérfano fue tal, que despidió a nuestro yegüero por los aires; al defenderse del impacto contra el suelo se rompió un brazo. La doma tuvo que suspenderse hasta la recuperación del domador.

 

La doma del ejemplar fue posible gracias al trabajo en conjunto de todos los yegüeros  y mozos de cuadras de la Casa  La Monta; al final Huérfano dejose montar (por el que se atrevía, claro)

 

Huérfano fue uno de los mejores sementales de yeguada, tanto para potros como para mulas. Cuentan que las mulas hijas de nuestro protagonista, debido a su bravura, tenían muy difícil doma; tanto, que se hacia necesario el aparejarlas a un carro para cansarlas antes de la monta. Al verse el animal aparejado a este, la emprendía a coces con tal fuerza que saltaban los bancales por los aires; estas demostraciones de rebeldía eran muy apreciadas  por los ganaderos y labradores que se daban cita el día de la doma en el lugar. No tardando mucho, se disponían a tratar con el mayoral, compartiendo ambos gestos de satisfacción entre tiras y aflojas.

 

Entre estos hechos del pasado aconteció la vida de Huérfano. Han pasado numerosas décadas pero en los patios de la Casa  La Monta  todavía se siente su presencia; el viento trae sus relinchos y las tormentas de verano… el tronar de sus cascos.

La urraca

La tradición oral, puede ser muy caprichosa. Puede contar mentiras a medias o verdades engañosas y ya sabemos que muy difícil resulta separar lo primero de lo segundo, aparte de que el tiempo, tiene la capacidad de transformar la verdad en mentira y viceversa.

Existen hechos o supuestos, en los que la bruma de las décadas hace estragos, pero en contadas ocasiones, esos mordiscos de tiempo  no pueden acabar con el suculento plato que un simple rumor  ofrece. ¿Formara parte de la historia, o no?

 

Pongamos un muy bonito ejemplo.

Entre el nacimiento de mi bisabuelo José, mi abuela María del Pilar, Felipe mi padre  y Julia mi madre, existe un salto temporal considerable. Mi bisabuelo nació en 1868, mi abuela en el 1903, mi padre en el 1928 y mi madre en 1934. Pues bien todos ellos hacían eco de una “historia” que paso a contaros de inmediato.

 

En un Aranjuez antiguo, de  grandes señores con no pequeños lujos, rostros con talco, chaquetones con ricos bordados, acompañados de  señoras de largas faldas con miriñaque, gesto altivo, forzando la compostura en un vano intento de ponerse a la altura de sus pelucas cardadas, ocurrió, que al gusto de un capricho, un matrimonio pudiente crió una urraca como animal de la casa, a su criada exigieron que al bicho no le faltara ni comida ni agua, y esta se encargaba puntualmente de empujar el pan mojado en el pico abierto del ave, hasta que ya volandero, comenzó a frecuentar los tejados de la Casa de Oficios y el Patio Cuadrado. La criada se liberó gustosa de la carga de tener que dar de comer al pájaro ya que este retomó los instintos naturales y no volvió a  la casa, pero la carencia es la carencia y anidó no muy lejos, curiosa por los quehaceres humanos y ajena a las fiestas de alto copete, que se estaban preparando en palacio.

La criada por su parte, pronto olvido su episodio de forzada madre adoptiva sumergiéndose en el frenesí de los preparativos de la fiesta. Sus señores, matrimonio tan principal, no podía faltar a los homenajes.

 

La señora por su parte supervisaba hasta los mas mínimos detalles, los estandartes de las ventanas, los ágapes de las recepciones, los trajes que habrían de lucir con las joyas correspondientes. Salvo pequeños sofocos, todo se desarrollaba al entender de la señora. Llegado el momento ya vestida de gala, la señora pidió joyero. Se puso muy nerviosa al echar de menos su camafeo de brillantes, perdió la compostura a ver que en sus cajones no aparecía y descargo sus iras sobre la criada a la que acusó de ladrona.

 

El tribunal no fue indulgente… Después del escarnio público  y los azotes la asistenta murió. Sus verdugos fueron la sinrazón y el tétanos.

 

Esta leyenda se negó en rotundo a desaparecer y dio un salto temporal hasta el recién finiquitado siglo XX. En unas reparaciones en los guardillones de la Casa de Oficios, echando abajo una viga de madera carcomida, los albañiles encargados de la labor se encontraron con una curiosa sorpresa. La viga sostenía los restos de un nido de urraca con un camafeo de brillantes, incrustado entre monedas de cobre del siglo XVIII y fragmentos de  cristal de diversos colores.  

 

 

Efectivamente. El ave no anido muy lejos….

La apuesta.

Hará mas de dos siglos, cuando esto que paso a contaros ocurrió.

Pocos eran los caballeros que se atrevían a deambular por las oscuras calles de Aranjuez en la noche de difuntos. Mas raros aun eran los taberneros, esos regentes de negocios lo suficientemente codiciosos como para abrir la tasca desafiando las iras del infierno por unas monedas, o quizás no… quizás no fuese tan extraordinario. Tal vez fuese por esto por lo que nuestros tres antiguos paisanos escudriñaban calle por calle hasta dar con una tasca aparentemente cerrada, pero con la luz de un candil tras la cortina echada de la ventana.

Tras esa ventana aposentaron sus reales.  Tras pedir una baraja y vino reanudaron la conversación que traían entre susurros de la calle. Entre risas y continuas e ignoradas peticiones de silencio por parte del tabernero, pasaban las horas y las jarras. La hora bruja llego sin avisar con la apagada voz de un lejano sereno.

La animada conversación comenzó a oscurecerse por el efecto del vino y dado la noche y la hora que era, más.

Nuestros personajes empezaron a pensar en recogerse, habían bebido mucho y la temperatura había bajado considerablemente, por otra parte el tabernero estaba deseando de cerrar y no estaba siendo muy generoso con la leña del fogón.

Los tres amigos se embozaron en sus bandoleras y salieron dando traspiés del local alabando su osadía de salir esa noche. Uno de ellos, el mas valiente o el mas borracho, propuso redondear la hazaña yendo todos a clavar un clavo belloto a las puertas del cementerio-imaginar la cara que se le va a quedar al guarda mañana- dijo entre risas a los otros dos, que en un primer momento dudaron pero no podían ser menos. Una vez acopiado el material necesario y a escasos metros del camposanto de las cañas todo se veía distinto. El aire hacia rechinar el portón. Las ascuas de los ojos curiosos de un gato sentado en una lapida que sobresalía por encima de la tapia, se les antojaba como la mirada del mismismo Satanás.- Venga valiente, no nos digas que después de hacernos venir, no vas a ser capaz de clavar el belloto- ¿Como que no? Ahora veréis- Con más miedo que vergüenza salió del grupo con paso apresurado, tanto que cayo delante de la puerta, saco el clavo y el  mazo de la faja disponiéndose a rematar la faena. Tan nervioso y borracho estaba que no atinaba a dar en la cabeza del clavo haciendo los golpes gran estruendo en la puerta- Vas a alertar al sereno- le avisaron los compañeros. Entre prisas y miedo logro dar un par de golpes al clavo, soltó el mazo y dio media vuelta con gesto triunfante, pero no pudo moverse, sintió que la misma muerte lo estaba sujetando por la capa, los amigos lo vieron forcejear y chillar, huyeron aterrorizados de tan macabra escena negándole el auxilio.

Al llegar el alba, y tal como había vaticinado el juerguista, el sereno se llevó una sorpresa. Se presento en el cementerio dispuesto a  abrir y se encontró con un paisano yaciendo muerto con la capa clavada a la puerta.

La noche de las Ánimas también tiene su peso en las leyendas de Aranjuez.

En la Calle Postas nos encontramos con una casa que tiene este curioso nombre. La casa de las Ánimas se ganó este “titulo” con creces al empeñarse a arder  dos años consecutivos en tan tenebrosa fecha, los vecinos de Aranjuez no tardaron en señalar con dedo inquisidor  a las Ánimas del Purgatorio como las causantes directas de estos siniestros.

Esta misteriosa leyenda enlaza con otra más simpática de principios del siglo XX, la de unos actores aficionados que  en el día de todos los Santos, se trasladaron al vecino pueblo de Yepes para representar la obra de Don Juan Tenorio.  Se organizó un teatro de cálle al cual los vecinos acudían con silla propia, bulliciosos, dispuestos a deleitarse con lo que seguro seria una magna interpretación de los actores ribereños.

La obra transcurría ligera hasta el momento cumbre, en el que  uno de nuestros paisanos, metido en los pellejos de Don Juan,  alza el dedo desafiante y con un tono de voz  parecido a un trueno exclama - Llame al cielo y no me oyó y mas si sus puertas me cierra…- El bueno de nuestro actor no pudo terminar la frase debido a que un chucho chiquitín, se empeño en robarle su minuto de gloria lanzándose a sus pies  dando sonoros ladridos. Nuestro actor no perdió la compostura y se rehizo ante las risas de los de Yepes y repitió con empeño  y mas alto si cabe su frase - Llameee al cielooo y noooo me oyoooó y mas si sus puertas me cierraaaaa…-  El chucho apareció de nuevo en escena y se hizo con el protagonismo de la misma. Una tercera vez repitió nuestro amigo la frase desgañitándose y una tercera vez salio el perro haciendo que las musas del actor escupieran sapos y culebras. Don Juan no aguantó ni la tensión ni las risas, se aparto enérgicamente la capa y espetó  con la vista en los cielos – Me Cago en el puto perro y en la madre que lo parió- Tras maldecir al chucho le soltó una coz que lo mandó a la mitad del improvisado patio de butacas. Este acto de brillante improvisación, no fue del gusto del público, entre otras cosas porque el perrito era del Alcalde…

 Para aliviar la tensión salió al escenario una cantante de varietés muy conocida en su barrio, pero por realizar otras actividades menos artísticas. La presentaron como “la señorita Farraguas”.  La verdad  es que la tocó debutar ante un publico difícil, así que con   fingida decisión y con los brazos a la cintura cual jarrón Talaverano comenzó a cantar con mas miedo que gracia, esta inseguridad le hizo olvidar la letra de la canción obligándola a repetir constantemente un pegadizo estribillo que decía algo así como  Ay Morrongo, Morrongo, Morrongooooo. El éxito fue fulminante, fulminante para sus piernas me refiero, porque tuvieron que salir corriendo monte a través para escapar de las iras de los de Yepes.

Nuestros actores llegaron a Aranjuez de madrugada y se encontraron  con que la Casa de las Ánimas estaba ardiendo… Según cuenta la historia, fueron ellos los que avisaron al grupo de extinción de incendios.

 (vaya nochecita)

El Sacasebos

El “Sacasebos” era el coco de los niños de la posguerra,  sobre todo de los que vivian en las afueras lindando con los cerros. Al caer la noche, los juegos se trasformaban en peligros y terrores para estos niños que alertados por sus padres ante la proximidad de tan siniestro personaje, corrían al refugio del hogar, evitando así, ser cazados  para extraerles las grasas, que por otra parte es de justicia decir, que el Sacasebos se veía obligado a emplearse a fondo, debido a que los niños de la época a la que nos referimos no tenían muchas oportunidades para hacer acopio de esa sustancia…

La verdad es que desconozco el origen de esta leyenda, pero es curiosa la similitud  con ciertos mitos gallegos que nos cuentan, que en la noche de las Ánimas, se tapiaban las ventanas de las casas, para evitar que las meigas raptasen a los niños más chicos para extraerles las grasas y utilizarlas en diversos ungüentos.

Presentacion

¿Quién no recuerda las sentencias de padres y abuelos ante los problemas cotidianos? ¿Quién ha olvidado los cuentos que endulzaban la antecámara de nuestros sueños? ¿Quién ha sido inmune a los terrores infantiles y adolescentes que aguijoneaban nuestra imaginación hasta hacernos ver lo invisible?

¿Quiénes no hemos participado de toda esta tradición  de dimes y diretes, de rumores arcaicos, de sombras de la historia, de recuerdos de infancias perdidas y de vejez ganada, de experiencia con arrugas y de secretos pueriles inconfesables?

¿Quiénes hemos quedado indiferentes ante la voz del saber no escrito de los pueblos y de sus gentes?…  Podemos apostar sin arriesgar  y  decir  bien alto que muy poquitos de nosotros,  pero amigos… los tiempos cambian,  y en la actualidad esta voz se apaga lentamente al no encontrar eco en unas mentes demasiado ocupadas en digerir sin masticar otro tipo de estímulos, falsos, orientados a crear opinión sin necesidad de pensar.

 

En estos tiempos que corren apenas queda tiempo para la comunicación, y ojo, no me estoy refiriendo a los impactos del tubo catódico que transforman la libertad en una marca de chicles, me intento referir al recibir y al dar.

No queda tiempo para hablar, y mucho menos para escuchar. Hemos ido dejando de lado la comunicación directa entre semejantes hasta llegar a consentir, que el tan necesario intercambio de información, forme parte de un consumo tecnológico  donde la creatividad y la imaginación se sustituyen por emoticones.

 Lamentablemente estas ultimas tendencias desvían nuestra curiosidad y la de los mas jóvenes a ningún sitio, y pobres de ellos y de nosotros, que arrastrados por estas corrientes,  naufragamos casi sin querer, en los lagos del olvido, donde no tienen cabida las curiosas historias e historietas de “valientes” caballeros de capa, de copa y  andar a pié,  que perdían su vida en una apuesta de taberna. Donde la “existencia” del Sacasebos, ese ser que rondaba a los niños en los confines del pueblo que por la época se encontraba en las pilillas, seria poco menos que imposible. Donde las  andanzas del tío Albacete, y del  tío Malguisa entre muchos otros, acabarían en fondos turbios, al igual que nuestra identidad y personalidad como pueblo.

 

Vamos a intentar olvidarnos por un momento de los SMS, de los MMS de los Mail. Intentemos dejar de lado el matar zombies o de participar en guerras virtuales, que lo único que hacen es subvencionar el engorde de nuestro trasero… Adentrémonos   por unos instantes en terreno del olvido para rescatar lo que yo considero que son  joyas. Llenas de misterio unas…plagadas de risas otras… Que hayan ocurrido o fingido ocurrir en Aranjuez, todas…